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sábado 25 de marzo de 2017 - Edición Nº1763
Nota de opinión

Es necesario un estado con sensibilidad

9 oct 2016 - Ex Secretaria de Acción Social del Municipio.-

Tomando conocimiento de los números reales que miden la pobreza y la indigencia en nuestro país no puedo evitar traspolarlo a nuestra realidad local, donde comprobamos con sólo dar una vuelta por la ciudad, lo que marcan los índices, y digo “por la ciudad” porque ya la pobreza no es excluyente de un sector de la sociedad.

Además de observar la cruel realidad de la pobreza estructural de un sector muy vulnerable que va en crecimiento, con nuevos asentamientos, con la infantilización de la pobreza, con la reducción de la capacidad económica, entre otros factores, nos encontramos que ya no sólo es privación de recursos económicos, sino también pobreza en generación de vínculos sólidos, de espacios de escucha, de ámbitos de participación comunitaria donde la libertad de expresión sea un canal genuino de interacción; donde la realidad no se esconda ni se censure, donde la única manera de encontrar soluciones es en el contacto permanente con los actores a partir de sus necesidades sentidas y quienes son los que conforman nuestra querida ciudad.

La pobreza estructural es la que nos necesita fuertes, trabajando con políticas públicas de calidad, donde alternemos la atención de la emergencia, de lo urgente, de lo indispensable con el trabajo planificado, con compromiso, amor y sensibilidad, estando al servicio de los más necesitados, sin tener que encontrarnos con grandes cadenas de favores que vulneran la dignidad y la intimidad de aquellos que, por ausencia deliberada del Estado tienen que recurrir a la caridad y buena voluntad de toda la sociedad exponiendo sus necesidades en pos de palear una situación particular.

En medio de este contexto resalto y pongo de manifiesto el gran sentido de caridad y solidaridad de nuestra gente, donde cada uno pone al servicio del otro, lo mejor de sí: su solidaridad. Y fundamentalmente digno de destacar en este precioso año donde nuestro Santo Padre Francisco declara a este año como el Año del Jubileo de la Misericordia.

Estamos frente al resurgimiento de comedores y merenderos barriales, a innumerables colectas y otras tantas formas de afrontar necesidades extremas como el hambre y la enfermedad. La burocratización de las necesidades pone una barra de amianto que atenta contra el ser humano en su manifestación más sagrada y genera meros administradores y gerentes de Estado perdiendo de vista su rol fundamental que es procurar el bienestar de todos los habitantes, sin “distinciones”.

La pobreza tiene manifestaciones que nos afectan a todos y que nos reducen a enfrentamientos que nada tienen que ver con una sociedad en progreso e igualitaria: la inseguridad, la violencia doméstica, los abusos. Pensar en una ciudad que progrese es pensar integralmente en el desarrollo de sus habitantes donde la Cultura, la Educación, la Salud, la Obra Pública, el Esparcimiento, el Deporte, sean parte del Desarrollo Social Integral y donde las necesidades de los que menos tienen sean atendidos con el acompañamiento de un Estado puesto a su servicio, con sensibilidad, preocupado y comprometido con la realidad.

Estas fueron premisas que durante la gestión del Intendente Mario Meoni han sido las motivadoras de toda acción y donde la igualdad de oportunidades a través de Programas específicos en áreas puntuales fomentaban y favorecían la posibilidad de que cada ciudadano pudiera optar libremente contando con el acompañamiento del Estado Municipal como fue, a manera de ejemplo, el Programa Oportunidades para Jóvenes.

Hoy notamos una vertiginosa desaceleración de este compromiso, donde la articulación de recursos institucionales está en clara decadencia, donde en contraposición con lo esperado, la articulación entre los tres niveles de Estado, lejos de convertirse en una posibilidad positiva, solo marca más diferencias ya que no conocemos el rumbo planteado, generando que los más afectados se encuentren en una laguna de incertidumbres.

Para terminar quiero referirme nuevamente al Santo Padre, que al menos en mi caso promueve y dan luz a la vida de quienes nos honramos en decir que trabajamos en pos de una ciudad con posibilidades para todos y desde lo que considero, que quienes tienen la función, otorgada por el voto de la ciudadanía, no tienen más que respetuosa y responsablemente velar por sus derechos. Nos encontramos transitando el Año Jubilar de la Misericordia, por tanto tengamos en cuenta su palabra: “Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo”.

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