martes 04 de agosto de 2020 - Edición Nº2991
Infonoroeste » Regionales » 5 jun 2020

Opinión

Los modelos de Alberto

Por Marcelo Elías. Ex diputado provincial. Acción para el Desarrollo, Bragado.


“Almorcé con el primer ministro de Portugal, Antonio Costa, para conversar sobre la experiencia de su país en la salida de la deuda y coincidimos en trabajar juntos”, así Alberto Fernández anunciaba el 6 de septiembre de 2019 las bondades del modelo portugués y su posible aplicación en nuestras tierras.

Al poco tiempo, el 26 de septiembre, luego de una rápida digestión de aquel mitin a la portuguesa, Alberto Fernández cambiaba de menú y nos prometía durante el almuerzo de la Fundación Mediterránea seguir el modelo uruguayo.

Finalmente, el 10 de diciembre nos desayunamos todos los argentinos a los Columbia boys, con un experimento sin plan y que aún hoy continúan incumpliendo la promesa de conformar el Consejo Económico y Social para construir los acuerdos necesarios del modelo a implementar.    

Lo cierto es que, a 180 días de asunción de este nuevo gobierno, entre desayunos, almuerzos y cenas, los argentinos estamos en ayunas, sin un modelo que alimente nuestras esperanzas a futuro, sin siquiera una herramienta para trabajar en la búsqueda.

El Consejo Económico y Social brilla por su ausencia

            Los Consejos Económicos y Sociales (CES), como órganos consultivos donde se generan ideas comunes para trazar el destino de los pueblos, han demostrado a lo largo de la historia su eficacia. Sin acuerdos sociales y políticos, no hay solución posible.

            Hoy, la promesa incumplida de nuestro presidente tiene un alto costo para todos los argentinos: la ausencia de políticas claras y consensuadas que se materialicen en el   modelo de país que necesitamos.

             La  pandemia globalizada, el virus que penetra en el conurbano profundo, la crisis económica y social que azota nuestro país, necesitan un acuerdo que aglutine a los partidos políticos, a los actores sociales, a toda la sociedad civil en su conjunto, no solo para pensar en el hoy, sino para proyectar el futuro. Paradójicamente, este lamentable escenario crítico le está dando a nuestro presidente una oportunidad política única para lograr esos acuerdos necesarios.

La idea tantas veces fracasada del “acuerdo nacional” ha sido tan difícil de materializar como necesaria para progresar, hoy es una oportunidad.

La nueva globalización: desafíos por venir

            La agenda del Consejo Económico y Social a crearse en Argentina es múltiple. Debe abordar desde premisas internas tales como medidas para enfrentar la pandemia, trabajo, educación, productividad, hasta cómo relacionarnos e insertamos nuevamente en el mundo globalizado.

La globalización post-pandemia será diferente. El mundo se va a reconfigurar y habrá nuevas discusiones sobre equidad, responsabilidad social, inclusión laboral y sistemas de salud, entre otras cosas. Los organismos internacionales deberán ser sensibles a la situación generada por el nuevo virus global, modificando sus habituales conductas favorables a los más fuertes. El Banco Mundial y el FMI han dado sus primeros pasos flexibilizando y otorgando nuevas ayudas económicas. Incluso Alemania suavizó su posición y acordó crear un fondo de 600.000 millones de euros destinados a préstamos y subsidios a miembros de la Unión Europea.

                La nueva gobernanza mundial estará marcada por EE.UU y China, con una relación de competencia-cooperación, pero no se agotará en este binomio el juego de las relaciones de poder mundial.

            Latinoamérica nos presenta como desafío inmediato fortalecer el MERCOSUR y  las relaciones con nuestros países vecinos como Bolivia y Chile, descuidadas por el presidente. Además, debemos abrirnos a otras relaciones con países y regiones, que nos permitan salir del triste ranking de los países más cerrados del mundo (elaborado por la consultora DNI a partir de datos del Banco Mundial).

Los tiempos que se aproximan están reconfigurando el mercado, y seguramente, habrá debates sobre la creación y distribución de las riquezas. En este nuevo mundo debemos potenciarnos como productores y exportadores de alimentos y sumar cada vez mayor valor agregado a nuestros procesos productivos.

            La industria del cocimiento como generador de divisas está en plena vigencia y puede crecer a pasos agigantados si rápidamente se vuelve a legislar sobre el sector.  Debemos entender que la distribución y generación de riquezas son partes de un mismo proceso, que quede claro, no estamos hablando de la “teoría del derrame”.

             Debatir la incorporación de las PyMEs a los procesos productivos, dictar nuevas leyes para incentivar las inversiones - nacionales y  extranjeras -  y modificar el régimen de coparticipación deben ser parte de la agenda del Consejo Económico y Social. Simplificar impuestos, bajar la informalidad, reducir la presión tributaria y rediseñar con inteligencia el sistema financiero deben ser frutos del debate.

            En el orden social el Estado debe dejar el clientelismo de lado, crear un plan único de ayuda y realmente entender que la educación, en sus diferentes modalidades, es la principal herramienta para superar la pobreza. Formalizar e incluir a toda la sociedad en procesos educativos y tecnológicos ayudará a una verdadera inclusión.

            Estos son algunos de los ejes que debemos debatir y poner en práctica para empezar a darle forma al modelo de país que queremos, porque la pandemia, que no es el inicio de nuestros males, no detiene el tiempo, cada día que pasa se profundiza nuestra  crisis.

No pensar en el futuro del pasado

Como punto de partida para proyectarnos, debemos abandonar la mirada estadocéntrica, encontrar un nuevo maridaje entre el Estado y lo privado, lograr una relación de equilibrio entre el sector público y privado.

            Así, debemos construir una nueva calidad institucional que contemple nuevos valores, nuevos derechos, nuevas relaciones sociales, sumando las herramientas que nos ofrecen las ciencias.

En línea con Yuval Noah Harari, pensemos que no podemos cometer el error de proyectar el futuro del pasado. El futuro real podría ser totalmente diferente, basado en nuevas ideas, creencias y esperanzas. Solamente así podremos tener el modelo que tanto necesitamos, el país que todos soñamos.

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