El concepto de autonomía implica que las universidades no pertenecen ni a la administración central, ni a sus agentes al sector público nacional, construyendo así un ente jurídico descentralizado y con total independencia del Poder Ejecutivo Nacional. El control lo puede ejercer el Congreso Nacional, que es quien financia las universidades y las controla, a través de la Auditoría General de la Nación (AGN), o el Poder Judicial“. “El único poder que no puede intervenir es el Poder Ejecutivo”, subraya el rector de la UNNOBA, Guillermo Tamarit.
Además, sugiere que la herramienta más valiosa con que cuentan las universidades en la actualidad es, precisamente, la autonomía: “Es determinante, porque sin la autonomía lo que estaría en crisis sería el sistema universitario. Las misiones y visiones de la universidad van a persistir, estamos en un momento de tensión, pero no está en discusión cuál es el modelo universitario.”

Por decisión de las universidades, la Sindicatura General de la Nación (SIGEN), un órgano del Poder Ejecutivo, tiene la potestad de controlar a las Universidades. Sin embargo, es importante aclarar que son las propias universidades las que se ponen a disposición de este organismo. “Debe quedar claro que el Poder Ejecutivo no es quién financia ni quien controla a las universidades”, remarca Tamarit.
En definitiva, la autonomía permite que hoy la universidad pública siga funcionando y siga siendo esa institución pública, gratuita y de calidad que nos representa en el mundo, más allá de los ataques actuales por parte del Poder Ejecutivo Nacional. “Ante estas circunstancias debemos seguir haciendo más y mejor universidad pública y de calidad, es decir, hacer lo que sabemos hacer todos los días: enseñar, formar profesionales, investigar, brindar soluciones a la comunidad, desarrollar actividades culturales, transferir conocimientos e innovación en beneficio de la sociedad”, subraya el rector.
Crédito: Ligia Nicolai-Prensa Unnoba