La emergencia hídrica en distintas regiones de la provincia de Buenos Aires volvió a dejar al descubierto las graves consecuencias de la inacción estatal. En este contexto, una asamblea de productores realizada en Saladillo puso sobre la mesa los reclamos de vecinos y productores por las inundaciones, la falta de obras y el aislamiento creciente de las zonas rurales.
Uno de los principales expositores fue Alberto Larrañaga, productor agropecuario de 25 de Mayo, presidente del Consejo Honorario del Salado y coordinador de la Comisión de Aguas de CARBAP, quien trazó un panorama contundente.
La reunión se centró en la situación de la cuenca del arroyo Vallimanca – Saladillo, cursos de agua que hoy transportan más de 200 m³/s y que, según Larrañaga, ya tienen comportamiento de río por su caudal y alcance.
Larrañaga advirtió que el tramo 4.2 del Plan Maestro del Río Salado, que va desde la Ruta Nacional 205 hasta el puente de Ernestina (entre los partidos de 25 de Mayo y Lobos), está completamente paralizado, aunque los recursos para su ejecución existen y están disponibles en el Fondo Hídrico Nacional, creado justamente para prevenir inundaciones tras los eventos de 2001-2002.

Además, informó que se aguarda un dictamen técnico de una consultora privada, que hasta julio debe definir si la Laguna de Bragado puede recibir los caudales proyectados desde distritos como General Villegas o Carlos Casares. Esa definición destrabará (o no) obras clave en la Cuenca del Oeste bonaerense.
Pero Larrañaga fue más allá: aseguró que el verdadero impacto del Plan del Salado no está solo en el dragado del cauce principal, sino en las obras complementarias y ramales secundarios que permitirían llevar alivio a las zonas más alejadas.