viernes 23 de enero de 2026 - Edición Nº4989

Nacionales | 22 Nov 2025

Economía

La morosidad de las familias sigue rompiendo récords

El segmento más golpeado es el de los hogares. La morosidad de las familias escaló al 7,3%, lo que equivale a unos $4,07 billones. Se trata del registro más elevado de la serie histórica que abarca más de 15 años.


La morosidad en el sistema bancario argentino ha alcanzado niveles que no se registraban en más de una década y media, reflejando el creciente deterioro de la capacidad de pago de las familias. En septiembrela cartera irregular de los bancos privados trepó al 4,2%, el ratio más alto desde febrero de 2022. El dato confirma una tendencia que se ha prolongado por diez meses consecutivos y que amenaza con tener repercusiones directas en los balances de las entidades financieras y, por extensión, en sus cotizaciones bursátiles.

El segmento más golpeado es el de los hogares. La morosidad de las familias escaló al 7,3%, lo que equivale a unos $4,07 billones. Se trata del registro más elevado de la serie histórica que abarca más de 15 años. El deterioro no es homogéneo: mientras los créditos hipotecarios se mantienen relativamente estables con una morosidad de apenas 0,9%, todas las demás líneas han mostrado incrementos significativos en la cantidad de préstamos impagos.

Préstamos personales y tarjetas de crédito, los focos de mayor tensión

Los préstamos personales concentran el mayor nivel de incumplimiento. Con una morosidad del 9,1%, equivalente a $1,69 billones, se han convertido en el principal foco de preocupación para los bancos. Las tarjetas de crédito, por su parte, registran un 7,4% de morosidad, lo que representa $1,46 billones. Estos dos segmentos, que suelen ser los más utilizados por las familias para financiar consumo corriente, muestran un deterioro acelerado y explican buena parte del incremento general.

El fenómeno no es aislado ni coyuntural. La morosidad prácticamente se ha triplicado en comparación con el mismo período del año anterior. La persistencia de esta tendencia sugiere que no se trata de un shock puntual, sino de un desajuste estructural entre las condiciones de financiamiento y la capacidad de repago de los hogares.

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