A casi dos meses de la renovación de autoridades del Partido Justicialista (PJ) bonaerense, el proceso interno vuelve a dejar al descubierto la profunda falta de conducción política que atraviesa el peronismo, con una interna que lejos de ordenar, profundiza tensiones y genera incertidumbre tanto a nivel provincial como en los territorios.
Es por eso que las distintas tribus del PJ (MDF-La Cámpora y FR, entre otras) tienen el objetivo de acercar posiciones y definir si habrá elecciones internas o una lista de unidad. Sin embargo, en el peronismo bonaerense crece la percepción de que el debate no está siendo conducido con claridad ni con una estrategia común, sino condicionado por disputas de poder y proyecciones personales.
El cronograma interno ya fijado establece que la elección de la nueva conducción será el domingo 15 de marzo de 2026. En ese marco, el Consejo Provincial definió los plazos para la presentación de avales, exhibición de padrones, impugnaciones y cierre de listas, mientras la estructura partidaria se mueve sin un liderazgo claro que ordene el proceso.

Además de la presidencia y vicepresidencia del PJ bonaerense, deberán renovarse consejeros, apoderados partidarios y la conducción de las 135 unidades básicas de la provincia, un proceso que promete profundizar la fragmentación interna y trasladar la crisis de conducción a cada distrito.
Las primeras fechas clave serán el 3 y el 8 de febrero, cuando venzan los plazos para la presentación de avales y de candidatos. En ese contexto, el Movimiento Derecho al Futuro, espacio referenciado en el gobernador Axel Kicillof, aceleró el operativo de afiliaciones, una señal que es leída por otros sectores más como una disputa interna que como un intento de ordenar al partido.
Dirigentes del peronismo de la Cuarta advierten que una interna sin conducción ni síntesis política puede terminar agravando la crisis territorial y debilitando aún más al espacio frente a fuerzas que hoy muestran mayor orden y cohesión. En ese marco, la posibilidad de una lista de unidad aparece cada vez más como una salida forzada y no como una construcción política sólida.