(INFONOROESTE) A nueve días del cierre del plazo para la presentación de candidatos a la presidencia del Partido Justicialista bonaerense, la propuesta de Máximo Kirchner de ungir a Axel Kicillof como candidato de unidad reconfiguró la interna peronista con un objetivo claro: ordenar el tablero y evitar que la disputa se traslade a los territorios, especialmente en secciones electorales sensibles como la Cuarta.
La jugada llega en un contexto donde buena parte de los intendentes y dirigentes de la Cuarta Sección vienen reclamando previsibilidad política. En una región heterogénea, con realidades municipales dispares y un peronismo que combina oficialismos locales, oposiciones y armados frágiles, una interna provincial abierta aparece como un factor de riesgo directo para la conservación del poder territorial.
El intento de imponer a Kicillof como presidente del PJ bonaerense funciona como un mecanismo de contención frente a la estrategia que venía impulsando el propio Gobernador con la candidatura de Verónica Magario.
Desde el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), con presencia intendentista en varios distritos de la sección, la prioridad pasa por sostener una conducción partidaria alineada con Gobernación.
En clave electoral, la Cuarta Sección aparece como un territorio estratégico rumbo a 2027. Una conducción partidaria ordenada permitiría al peronismo retener volumen político, cuidar los municipios y proyectar liderazgo. Por el contrario, una disputa abierta por el control del PJ bonaerense amenaza con trasladar la pelea a los distritos, generar pases de factura internos y provocar una sangría silenciosa que complique no solo las legislativas intermedias, sino también la construcción de una alternativa presidencial sólida.