El radicalismo bonaerense atraviesa una de sus etapas más tensas y fragmentadas de los últimos años. Reuniones partidarias recientes dejaron expuestas fuertes autocríticas, reproches internos y un debate abierto sobre la conducción del Comité Provincia, en un escenario atravesado por la incertidumbre política y electoral.
En encuentros seccionales realizados en La Plata, dirigentes reconocieron errores de conducción y decisiones fallidas que derivaron en el actual estado de contingencia partidaria. Allí se planteó la necesidad de recuperar institucionalidad, gobernabilidad y legitimidad, con la mirada puesta en el armado del partido frente a un eventual desdoblamiento electoral en 2027.
En ese marco, el diagnóstico interno es claro: hoy existen solo dos espacios con capacidad real de disputar una interna provincial, aunque avanza un canal de diálogo para evitarla y alcanzar un acuerdo que ordene la conducción.
Mientras tanto, en los distritos la realidad es heterogénea y las definiciones dependerán de cada territorio. Lo que sí quedó claro puertas adentro es que el radicalismo enfrenta una disyuntiva central: ordenar su interna con acuerdos claros o profundizar una disputa que podría debilitar aún más su rol como alternativa política en la provincia.
En este contexto, la Cuarta Sección Electoral ocupa un lugar central en la discusión. Allí la UCR gobierna cinco distritos (General Arenales, Lincoln, General Viamonte, Trenque Lauquen y Florentino Ameghino), lo que le otorga peso territorial, estructura y capacidad de incidencia real en cualquier definición partidaria. Ese poder territorial convierte a la sección en una pieza clave tanto para ordenar la interna como para proyectar una estrategia electoral a futuro.