En el marco de un nuevo 24 de marzo, a 50 años del último golpe cívico-militar, fue un orgullo enorme marchar desde la ex ESMA hacia Plaza de Mayo. Lo hicimos con una convicción profunda: la memoria, la verdad y la justicia no se negocian.
Elegir ese punto de partida no es casual. Donde alguna vez hubo silencio y horror, hoy hay memoria activa y decisión política. No son solo kilómetros: es historia viva que se sigue construyendo.
Marchamos por los 30.000, por las Madres y Abuelas que nos enseñaron a no bajar los brazos, y por una Argentina donde la política vuelva a estar al servicio del pueblo.
Reivindicamos el proceso histórico de ampliación de derechos que llevaron adelante Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, quienes terminaron con la impunidad y pusieron a los derechos humanos en el centro de las políticas públicas.
En este contexto, sostengo con claridad una consigna que atraviesa nuestro presente: Cristina Libre. Porque no hay democracia plena con persecución política, y porque defender a Cristina es defender un modelo de país con inclusión, justicia social y soberanía.
A 50 años del golpe, marchamos, con el amor y el compromiso de siempre. Reafirmando nuestras convicciones y con el absoluto convencimiento de seguir fortaleciendo la memoria a través de la acción.