La cosecha de soja comenzó en la región núcleo en un contexto atravesado por la inestabilidad climática y la presión de los pronósticos, que anticipan al menos siete días de lluvias intensas. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el escenario combina acumulados recientes, suelos saturados y riesgo de nuevos eventos severos, justo en el momento más sensible del ciclo productivo.
El cambio fue abrupto: en menos de dos semanas, la provincia de Buenos Aires pasó de condiciones de sequía a excesos hídricos. Mientras que en la primera quincena de marzo predominaba el déficit de agua, después del día 20 se registraron acumulados superiores a los 220 milímetros en el centro bonaerense, encendiendo alertas en toda la región.
En el noroeste provincial, una de las zonas más comprometidas, las lluvias recientes dejaron entre 40 y 90 mm en pocas horas, complicando el ingreso de maquinaria y frenando el avance de la cosecha.

El inicio de la trilla se da bajo presión. “Estamos desesperados, apurando todo lo que se puede”, sintetizan técnicos en distintas localidades, reflejando el clima de preocupación que atraviesa al sector.
La combinación de alta humedad, temperaturas elevadas y nuevas lluvias en puerta genera múltiples riesgos: falta de piso, enfermedades de fin de ciclo, pérdida de calidad y hasta eventos extremos como granizo o tormentas severas.
En muchas zonas, las lluvias del último fin de semana —con registros de hasta 50 mm— obligaron a detener momentáneamente las tareas. Sin embargo, cada ventana de buen tiempo es aprovechada al máximo para avanzar con la cosecha.
Más allá del contexto climático, los primeros resultados de la cosecha muestran un dato alentador: en varias zonas, los rindes están por encima de lo previsto.
En el sur de Córdoba, por ejemplo, se estimaban promedios de 40 qq/ha y los primeros lotes arrojan entre 45 y 50 qq/ha, con picos de hasta 60. Situaciones similares se repiten en el centro de Santa Fe, donde algunos lotes superan las expectativas iniciales.
Sin embargo, la campaña está lejos de ser homogénea. La variabilidad es alta y responde, en gran medida, a las diferencias en las lluvias de enero y febrero. Hay lotes que quedaron muy afectados y otros que lograron recuperarse, generando brechas productivas marcadas.
A pesar de los rindes que en algunos casos sorprenden, el frente económico sigue siendo un condicionante central. Productores advierten que, incluso con mejoras productivas, los números siguen en rojo por el incremento de costos, especialmente en insumos y combustibles.
En paralelo, el avance de la cosecha de maíz temprano alcanza el 73% en la región núcleo, con buenos resultados en zonas como Junín, donde los rindes se ubican entre 120 y 140 qq/ha. Sin embargo, también aquí aparece una fuerte variabilidad según la zona.
El arranque de la cosecha deja una foto compleja: mejores rindes de lo esperado en algunos casos, pero atravesados por un contexto climático adverso y un escenario económico que ajusta los márgenes.
Con pronósticos que anticipan más lluvias y suelos al límite de su capacidad, la campaña entra en una fase decisiva, donde cada día sin precipitaciones puede marcar la diferencia.