Tras detectar inconsistencias entre los productos entregados y lo establecido en la licitación del programa Mesa Bonaerense, el Consejo Escolar de Lincoln dispuso un protocolo para reforzar los controles en las escuelas, aunque la tarea quedará en manos de los equipos directivos.
Según se informó, una de las principales irregularidades detectadas fue la sustitución de “lomo de atún” por “atún desmenuzado”, lo que motivó el inicio de un proceso de revisión y posibles sanciones hacia la empresa proveedora.
En ese marco, el organismo elaboró un instructivo que establece una serie de pasos que deberán cumplir los directivos al momento de recibir los módulos alimentarios. Entre ellos, se incluye la apertura al azar de al menos tres cajas, la verificación detallada de los productos y la toma de fotografías que permitan constatar marcas, denominaciones y gramajes.
Además, deberán comparar el contenido con el remito de entrega y dejar constancia de cualquier irregularidad detectada en el libro de actas de la institución.
Uno de los puntos centrales del protocolo es que, aun en caso de detectar incumplimientos, las escuelas deberán aceptar la mercadería y distribuirla, con el objetivo de no afectar la entrega de alimentos a los estudiantes.
No obstante, se indica expresamente que los remitos deben firmarse en disconformidad cuando existan diferencias, dejando constancia escrita de las anomalías.
Finalmente, toda la documentación —fotografías, actas y remitos— deberá ser remitida al Consejo Escolar para respaldar las actuaciones administrativas y avanzar con eventuales sanciones.
La medida busca fortalecer los controles tras las irregularidades detectadas, aunque también traslada a las instituciones educativas un rol clave en la fiscalización del servicio.