El retroceso del consumo que reflejan los últimos datos del INDEC ya tiene su correlato en la región, donde almacenes y supermercados vienen registrando una merma en las ventas y un cambio marcado en el comportamiento de los clientes.
Según el organismo nacional, en febrero las ventas en supermercados cayeron 3,1% interanual en términos reales, mientras que los autoservicios mayoristas retrocedieron 1,2% y los centros de compras un 2,1%. En todos los casos, las subas en valores corrientes quedaron por debajo de la inflación.
En ciudades de la región como Junín, Chacabuco, Lincoln o General Villegas, comerciantes coinciden en que la gente compra menos cantidad y prioriza productos esenciales. La caída del poder adquisitivo se traduce en tickets más bajos y mayor comparación de precios.

Al mismo tiempo, crece el uso de tarjetas de crédito como herramienta para sostener el consumo. A nivel nacional, este medio ya representa el 43,6% de las operaciones en supermercados, una tendencia que también se replica en los comercios locales.
En este contexto, los autoservicios mayoristas muestran una leve resistencia frente a la caída general. Con una baja más moderada, se consolidan como una opción para familias y pequeños comerciantes que buscan abaratar costos mediante compras en volumen.
En la Cuarta Sección, este fenómeno se refleja en un mayor movimiento en este tipo de comercios, en detrimento de almacenes de cercanía que sienten con más fuerza la retracción.
El informe también muestra fuertes aumentos nominales en rubros clave como carnes y verduras, lo que impacta directamente en el bolsillo y condiciona las decisiones de compra.
Así, mientras los precios siguen en alza, el consumo no logra repuntar y el panorama se mantiene incierto para los comercios de la región, que ya vienen advirtiendo una desaceleración sostenida en la actividad.