miércoles 9 de septiembre de 2026 - Edición Nº5218

Regionales | 9 Sep

Opinión

La Unión Cívica Radical es imprescindible para la democracia

17:52 |Escribe Juan Pablo Itoiz. Afiliado radical, ex presidente del Comité Hipólito Yrigoyen de Junín


La reconstrucción del Radicalismo es imprescindible para la consolidación de la democracia y para el desarrollo del país.

Hace más de veinte años que la Unión Cívica Radical perdió centralidad electoral, nuestra última experiencia de gobierno no fue como deseábamos y culminó precipitadamente. Desde ese momento hasta la actualidad la sociedad dejo de ver a la UCR como una opción de poder real a nivel nacional y el partido fue decayendo.

Esta situación agravada por la falta de liderazgo nacional y por un partido zigzagueante ideológicamente nos llevó a no tener candidatos competitivos y a ser sumisos en la provincia de Buenos Aires para sostener pequeñas cuotas de poder que benefician solo a algunos dirigentes.

A partir de 2015, Cambiemos primero y Juntos por el Cambio después, permitieron salir del letargo, brindaron una plataforma política de reconstrucción y aportaron para sumar gobernadores, intendentes, legisladores y concejales. Pero no fue suficiente, las tensiones internas y las diferencias en las miradas políticas dentro de las alianzas electorales que integramos, demostraron que el Radicalismo era claramente un acompañante y no un actor principal en la toma de decisiones.

El daño no pudo superarse y el fracaso y posterior disolución de Juntos por el Cambio nos relegó en la consideración social, llevándonos a expresiones mínimas y a situaciones inéditas en nuestra historia, como la no presentación de candidatos radicales en las elecciones 2025 en la provincia de Buenos Aires.

Este análisis personal lo planteo como un punto de partida y no como parte de una catarsis interna y eterna que no resuelve nada y que tampoco permite mirar hacia adelante.

En este tiempo de populismos extremos de izquierda o de derechas, y de dirigentes y partidos oportunistas sin convicciones ni principios, la Unión Cívica Radical tiene que hacer su aporte. Es hora de recordar las bases doctrinarias que nos permitan recuperar el partido, no solo para los que somos radicales, sino también para la sociedad.

El Radicalismo nació de la revolución, en oposición al fraude conservador y en la lucha por las libertades cívicas y políticas. Lo hizo a partir del coraje y la convicción de dirigentes que dieron su vida por la causa.

Nuestra historia en común, se ha sostenido por más de ciento treinta años en ciertos principios irreductibles: el Republicanismo y el Estado de Derecho; la defensa de la democracia, de la Constitución, la división de poderes y la independencia de la justicia; y la idea Krausista de que el Estado debe ser un armonizador entre la libertad individual y la solidaridad social. Todos ellos afianzados en la ética de la responsabilidad pública, la austeridad republicana, la idoneidad y decencia como norma de comportamiento político.

Tenemos la obligación de reconvertirnos en una fuerza política moderna, con los mismos valores, pero con ideas nuevas que nos permitan interpelar, interactuar y sobre todo representar a las generaciones de los nuevos tiempos. Ya lo hemos hecho a lo largo de la historia y podemos verlo hoy en los lugares donde gobierna el Radicalismo a nivel provincial o municipal.

En definitiva, estoy convencido que debemos cambiar la mentalidad de los últimos años, tomar los buenos ejemplos de gestión que tiene el partido para provocar una transformación que nos convierta en una fuerza con vocación de construcción de mayorías.

La política en Argentina no ha cambiado. Es como “el gatopardo”, hace como que cambia para que todo siga igual.

La dicotomía de los extremos continua. Solo ha sido reemplazada por la aparición de un nuevo actor político, Javier Milei, que canalizó el hartazgo de la sociedad pero que no ha modificado el statu quo, todo lo contrario, fomenta y expande una nueva casta con su estilo brutal y chabacano.

Un país que durante las últimas décadas vivió de antinomias, no tiene en el presidente una figura que una a los argentinos. Todo lo contrario, no solo no las combate, sino que las alimenta utilizando el insulto y la demagogia como elementos de comunicación, y la estigmatización al que piensa distinto que hace muy difícil la convivencia democrática.

En fin, no hay opción electoral por fuera de los extremos y el Radicalismo, así como está no ofrece alternativas.

Pero, siempre es un buen momento para el debate político, está arrancando un nuevo proceso electoral, con un gobierno nacional que mira más hacia el exterior que a lo que le sucede y a como vienen millones de argentinos, y la otra alternativa que nos presentan, nos fuerza a mirar hacia atrás.

No hay opciones, no hay propuestas, solo se impone el péndulo de la polarización, fomentado por los extremos que son los únicos que sacan redito de la división de los argentinos.

Las vertientes que conviven hoy en la UCR deben dejar de lado las disputas internas y pensar estratégicamente que es lo que más le conviene al partido.

El espacio del centro político debe construirse, lo único constante en los sistemas políticos son los extremos, por eso, el objetivo debe estar puesto en esa nueva construcción de un centro socialdemócrata, con énfasis en la defensa de los derechos, la eficiencia del Estado y la consolidación de las instituciones.

Debemos dar las discusiones que hagan falta para construir y proponerle a la sociedad una alternativa a Milei y al Kirchnerismo, que exprese las ideas que hemos defendido toda la vida, que proponga candidatos en todos los niveles y, que aun en la adversidad nos permita continuar diciendo orgullosamente que somos radicales.

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