Las cuentas municipales volvieron a quedar bajo presión en distintos distritos de la Cuarta Sección. La combinación de menores ingresos en términos reales, una recaudación local más débil y el aumento de los costos obliga a los intendentes a revisar gastos y prioridades para sostener el funcionamiento cotidiano.
El problema no alcanza a un solo municipio ni responde a una única situación. Durante el primer semestre, buena parte de los distritos de la Cuarta registró caídas reales en los recursos coparticipables, entre ellos Junín, Nueve de Julio, Carlos Casares, General Arenales, Rivadavia, Trenque Lauquen, Lincoln, Bragado, Chivilcoy, General Viamonte, Pehuajó, Alberti y Florentino Ameghino.
En ese escenario, los municipios enfrentan una estructura de gastos que resulta cada vez más difícil de ajustar: salarios, salud, servicios públicos, caminos, combustible y asistencia social continúan demandando recursos aunque los ingresos no acompañen al mismo ritmo.

Uno de los diagnósticos más claros surgió de General Viamonte. El intendente Franco Flexas sintetizó la situación señalando que el municipio recibe recursos similares a los de mediados de 2025, pero debe afrontar costos correspondientes a 2026.
En ese distrito, entre el 75% y el 80% de los ingresos dependen de fondos provenientes de Nación y Provincia. Flexas planteó que la coparticipación prácticamente alcanza para cubrir la masa salarial, mientras que el resto de los gastos debe afrontarse con tasas municipales cuya recaudación también presenta dificultades.

Trenque Lauquen muestra otra cara del mismo problema. En enero, la coparticipación aumentó un 14,1% respecto del mismo mes de 2025, pero la inflación interanual había sido del 31,5%. Es decir, hubo más pesos, pero menos capacidad de financiamiento en términos reales.
Más recientemente, el municipio informó que hasta septiembre había ejecutado el 73% de su presupuesto y que la inflación y la reducción de fondos nacionales habían generado un impacto de unos $1.450 millones sobre las cuentas.

En Florentino Ameghino, la caída real de los recursos también llevó al Ejecutivo a reforzar el ordenamiento del gasto. El distrito había registrado una baja real del 6,5% durante el primer semestre y el intendente Nahuel Mittelbach venía advirtiendo por el impacto de la reducción de la coparticipación y de la recaudación.
Lincoln terminó convirtiéndose en el caso más visible en los últimos días, cuando el intendente Salvador Serenal decidió pagar en dos tramos los salarios de la planta política para garantizar el pago completo a los trabajadores municipales y priorizar los servicios esenciales.

Pero la decisión de Lincoln aparece, en este contexto, como una expresión más extrema de un problema que otros intendentes vienen describiendo desde hace meses: los ingresos municipales pierden capacidad real mientras buena parte de los gastos resulta difícil de reducir.
Eso empieza a condicionar las decisiones de gestión. Con menos margen, los municipios deben elegir entre sostener salarios, garantizar servicios, mantener caminos, financiar salud, continuar obras o preservar reservas para afrontar los meses siguientes.
La discusión, por eso, ya no pasa solamente por cuánto recibe cada municipio, sino por cuánto puede hacer con esos recursos.
Y en la cuarta, con varios intendentes planteando el mismo descalce entre ingresos y gastos, la cuestión financiera comienza a transformarse en uno de los principales condicionantes de la gestión municipal.